Roberto Centeno

febrero 12, 2008

EL RETO ENERGÉTICO

Filed under: Uncategorized — robertocenteno @ 11:48 pm

OBSERVATORIO ECONÓMICO DE FAES

Especial Tercer Aniversario, 11.02.2008

Mesa redonda: DIAGNOSTICO DE LA SITUACIÓN ECONÓMICA

Cuando FAES tuvo la amabilidad de invitarme a participar en esta reunión aniversario, para hablar del reto energético, estuve dudando de cómo enfocarlo, pero dado que he sido testigo de la mayoría de las decisiones, los errores y los pactos colusorios, que nos han llevado a la situación actual, que puedo calificar sin ninguna duda, como una de las más expuestas, menos competitiva y más lesivas para los intereses de los ciudadanos de todo el mundo desarrollado, creo que el enfoque más honesto para entender el reto energético, es el identificar nuestros errores primero y el hablar abiertamente de cómo resolverlos después.

Y espero me perdonen, si empiezo mi exposición con una vivencia personal. Una mañana de 1979, en plena crisis del petróleo, y siendo yo entonces Consejero-Delegado de CAMPSA, recibí la llamada de mi antiguo maestro Enrique Fuentes Quintana, y a la sazón vicepresidente económico del gobierno, pidiéndome que colaborara en la redacción de un nuevo Plan energético nacional, para abordar los problemas planteados por la crisis, así como la reestructuración a fondo de todo el sector, algo que acepté encantado.

Fuentes Quintana, aparte de fórmulas para reducir nuestra dependencia, buscaba la adopción de medidas para eliminar o simplificar los numerosos elementos de intervención, y sobre todo el preparar las bases para la competencia futura. Dentro de estas últimas, la más importante de las que le propuse, fue la necesidad de independizar las redes logísticas de electricidad, petróleo y gas, de las empresas productoras y comercializadoras, lo que facilitaría la entrada de terceros en el mercado mediante la utilización no discriminatoria de las mismas.

Esto era la condición ‘sine qua non’, pues aparte que sin ello no había competencia posible, sólo así se podían gestionar con eficacia todos los medios productivos del país. El problema fue que las empresas afectadas, en aquel momento sólo las eléctricas, pusieron lógicamente el grito en el cielo, y el ministro de industria de la época, Alberto Oliart, que estaba hecho una pantera porque Fuentes Quintana le había dejado fuera del Plan -pues no confiaba para nada en él-, presentó la dimisión, y en medio del escándalo que siguió, el Presidente Suárez no se atrevió a seguir adelante.

Años después la lógica operativa se impuso, y esta separación se acabó haciendo, pero de la forma más lesiva posible para el interés de los ciudadanos, porque las redes logísticas fueron desgajadas, como pedía la lógica operativa, pero no independizadas y muchísimo menos iban a dar servicio a terceros en condiciones no discriminatorias. Las redes quedaron en manos de las propias sociedades de las que se desgajaban, en proporción a su cuota de mercado, y las cuales, como es de sentido común, las utilizaron justo para lo contrario de lo que pensábamos tanto Enrique Fuentes como yo mismo, es decir, para cerrar el mercado a cal y canto, y no para abrirlo.

Peor aún, todos los activos de los monopolios de petróleo y gas, incluidas las redes logísticas, fueron adjudicadas a dedo por Miguel Boyer a las tres empresas refinadoras, en proporción a su cuota de mercado, y a Gas natural, por la décima parte de su valor, un hecho sin precedentes en los procesos de privatización del mundo civilizado, y una estafa histórica a los ciudadanos. Adicionalmente, y como se suponía que las empresas energéticas tenían que adaptarse a la competencia futura obligada por nuestra adhesión a la entonces Comunidad Económica Europea, recibieron una serie de ayudas económicas masivas, con nombres tan falaces como costes de transición a la competencia , o sin nombre alguno como en el caso del sector petrolero, pero igual de efectivos, lo que les permitió realizar un enorme salto en los beneficios, los cuales fueron invertidos, no en preparase para la competencia, porque con las redes logísticas y el Boletín Oficial del Estado en su mano, en España no iban a entrar a competir ni las ratas, sino en su expansión exterior.

Pero no todos los disparates se referían a temas relacionados con la competencia, hubo otro mucho peor aún, porque afectaría a los costos de producción a largo plazo, y mientras las decisiones protegiendo al mercado podían ser variadas, esto ya no tiene solución y cuyos costes los estamos pagando hoy, y seguirán pagando nuestros hijos. Me refiero a la moratoria nuclear decidida por el gobierno de Felipe González que desmanteló cuatro grandes centrales nucleares prácticamente terminadas, la decisión más absurda y más perjudicial, tomada nunca en el sector energético español.

El daño de esta acción ha sido y es enorme, porque el coste, no es como muchos piensan el pago a las eléctricas de las inversiones realizadas y achatarradas, la famosa moratoria nuclear que hoy está casi liquidada, eso es el chocolate del loro, el coste de verdad es que estas centrales estarían produciendo a día de hoy 30 millones de Mw/hora/año a un coste medio de 11 euros por Mw/hora, y que ahora hay que producir con otras energías que cuestan 75 euros/ Mw/h. Esto supone nada más y nada menos que 2.000 millones de euros/ año, el 8% del recibo de la luz. Este es el coste permanente para España y para los españoles de la demagogia y de la estupidez más absolutas.

Pero desgraciadamente no sólo los socialistas han cometido errores, el PP tampoco ha estado muy fino en el tema energético. En el año 99, se publica un disparatado plan de energías renovables, que no planteaba una estrategia económica alguna, es decir, se subvencionaban “sine die” unas energías, en lugar de plantear un calendario de reducciones, dado que las mejoras tecnológicas, particularmente en la eólica, que era más del 90% del tema, se sabía de sobra que se iban a reducir mucho sus costos. El chollo era tan grande, que quien conseguía permisos para montar un parque eólico, y no digamos nada si era fotovoltaico, se forraba hasta límites inimaginables, y estoy hablando de miles de millones euros, es decir, las energías renovables se iban a convertir en lo que son hoy, una fuente de especulación y de enriquecimiento masivo auténticamente escandalosa para unos pocos privilegiados o espabilados. Este tema empeoraría notablemente y de una manera que, por decirlo suavemente, superaba los límites de lo tolerable , cuando el 12 de marzo de 2004, perdidas ya las elecciones, el PP decidió incrementar notablemente las subvenciones, es decir, alguien le hizo un favor a alguien.

También, y en el año 2000 España negocia los derechos de emisión en Bruselas, derivados del cumplimiento del protocolo de Kioto, aunque lo de negociar es sólo una manera de hablar, ya que en lugar de hacerlo sobre cifras de contaminación absoluta, que era lo único razonable, se hizo sobre la base de tasas de crecimiento, algo que no se le ocurre ni al que asó la manteca, ya que España, que era el país que menos contaminaba de Europa era el que más crecía, por lo que al final nos hemos encontrado en la situación más absurda y estúpida que cabe imaginar, somos los que más incumplimos porque nuestro crecimiento nos obliga a ello, y en consecuencia los que más pagamos, y sin embargo nuestra contaminación ‘per capita’ es de las bajas de Europa.

Y las decisiones erróneas siguieron acumulándose. Casi cada año se publica un decreto para garantizar la competencia, pues como la competencia no aparecía por ninguna parte, se sentían obligados a legislar una y otra vez, y toda esta serie de disposiciones liberalizadoras termina finalmente con una tomadura de pelo de proporciones ciclópeas, la Ley 6/2000 de intensificación de la competencia, supuestamente un traje a medida para la economía española, y efectivamente era un traje a medida, pero para los monopolistas. Esta Ley, con un lenguaje ultra liberalizador, no liberalizaba nada en realidad, más aún sus diferentes partes, fueron redactadas por los propios monopolistas, y si alguien lo niega, tengo que decirle que yo vi los borradores. El efecto útil fue que las estructuras monopolísticas quedaron sólidamente consolidadas, y así seguimos hoy, aunque con una diferencia sustancial, que los operadores extranjeros, alertados por Gas natural, se han dado cuenta de que, aunque el mercado está cerrado en la práctica, pueden entrar perfectamente a través operaciones corporativas.

Anecdóticamente, y para ilustrar una de las innumerables triquiñuelas que permitía la Ley 6/2000, comentaré que en sector petrolero por ejemplo, una vez publicada la Ley, se consideraron por encima del bien y del mal, y decidieron pactar los precios a lo bestia, es decir, precios iguales para cada producto, y para todos los puntos de venta de España, pero a raíz de una denuncia en Bruselas, porque ni los organismos de regulación, ni la Dirección de la Energía, hacían el menor caso de las denuncias, a pesar de que incluían actas notariales demostrativas, cambiaron el sistema, y como entonces los precios se cambiaban por semanas, todos los jueves por la tarde se reunían el número uno comercial de Repsol con el número uno comercial de CEPSA, para pactar los precios en toda España para la semana siguiente, algo que hacían por zonas, y además, para darle al tema un toque de color, también pactaban guerras de precios, en pequeños puntos concretos, a las daban una gran publicidad mediática. Si esto lo hacen en Estados Unidos, los responsables comerciales de estas dos empresas, junto con los consejos de administración, hubieran ido directamente a la cárcel.

Pero más demostrativo de los agujeros negros del 6/2000, es el caso del gas, donde se obligaba, como había hecho la Thacher en Reino Unido, a que el monopolista se desprendiese de una parte de sus contratos de gas, y en particular del gas canalizado de Argelia cuyos bajos precios permitían a Gas Natural forrarse y controlar el mercado al mismo tiempo. ¿Y cuál fue la trampa?, pues que al contrario que en Gran Bretaña, donde British Gas tuvo que ceder los contratos tal cual, aquí se permitió a Gas natural subastarlos y quedarse así con el grueso del beneficio, con lo que los adquirientes en lugar de competidores son en la práctica meros revendedores de Gas Natural.

Dos puntos finales, la CNE cuyo origen se remonta a la época socialista, pero cuyos defectos el PP no cambió, en lugar de un regulador independiente del mercado se ha convertido en un órgano 100% politizado, cuyo balance de gestión a favor de la competencia y los consumidores ha sido no de cero, sino profundamente negativo, y que aparte de para defender a los monopolistas, ha servido esencialmente para ayudar a cumplir la voluntad del gobierno de turno, algo para lo que no se necesita un organismo que nos cuesta a los consumidores 25 millones de euros años, dado que ese trabajo lo puede hacer igual un jefe de negociado del Ministerio por 30.000 euros.

Y por último la desafortunada Planificación de las redes de transporte eléctrico y gasista, aparte ser una auténtica chapuza, pues no aportaba ni un sólo dato económico y mucho menos un análisis de sensibilidad, lo que tiene mucha guasa, apostaba simultáneamente, por las energías más caras del mercado, por una mayor dependencia exterior, y para acabar de rizar el rizo, empeoraba nuestra ya desastrosa eficiencia energética, pues somos con diferencia el país de la OCDE con mayor consumo de energía final por unidad de PIB. Aunque, eso sí, el Plan nos contaba detalladamente lo que se iba a construir en cada sitio, desde Formentera a las más pequeña isla canaria, y por supuesto en cada CCAA, una casuística irrelevante y absurda, pero que llevó a discusiones y peleas tan estériles como interminables con las comunidades. Realmente no caben más despropósitos en tan poco espacio.

Y para mayor desgracia, esta planificación ha sido la seguida por Zapatero y sus secuaces, aunque eso sí con la sobredosis de populismo, y demagogia ecologista habituales, ya que al bachiller Montilla el tema le importaba un pimiento, al igual que todos los demás, pues él estaba sólo a lo suyo a lo suyo, la Presidencia de la Generalitat y la OPA de Gas Natural sobre ENDESA, de hecho apenas iba por el Ministerio, y el anestesista Clos que no tiene cabeza ni para expresarse con un mínimo de coherencia, menos la tiene para pensar en cambios. Y éstos son algunos de los hechos más relevantes, que nos han llevado a donde estamos hoy, sin competencia efectiva, con el doble de dependencia exterior que Europa, con una eficiencia energética impresentable, con una vulnerabilidad exterior que aterra por la concentración de suministros, y con los precios al público antes de impuestos más altos o entre los más altos de Europa.

¿Y cuál es entonces el reto energético? Pues el reto energético es darle un giro de 180 grados a la situación actual, y para ello no son necesarios grandes inventos, señalaré los más esenciales, el primero es un cambio normativo radical, leyes nuevas en el sector eléctrico y en el de los hidrocarburos, que implanten la competencia sin trampas, y eliminen las incertidumbres y los numerosos elementos de intervención, junto con una codificación donde esté todo, y que confiera seguridad jurídica a toda la actividad energética. El segundo es una Ley de organismos reguladores que garantice la independencia y la despolitización, y me refiero a la CNE, a la CNMV y al TDC, y si no es posible, lo mejor es desmantelarlas, porque ya está bien de engañar a la gente. El tercero es un cambio hacia las energías más seguras y más baratas y estoy hablando de la energía nuclear y del carbón limpio, en la primera lo que el PP debería hacer si gana las elecciones, es abrir el debate nuclear, intentando primero un pacto con los nuevos socialistas, dado que si pierden de Zapatero y sus esbirros no van a quedar ni los rabos, y si no están por la labor, coger el toro por los cuernos y plantear un referéndum. Si a la gente se le explica que la energía nuclear costaría menos de la mitad del gas o del eólico, seguramente se lo pensarían.

Deben tener presente que el precio del petróleo, diga lo que diga quien lo diga, y en consecuencia el gas, va a seguir subiendo, excepto en el caso de crisis económica generalizada, y aún así solo bajaría temporalmente. Una muestra de lo que piensa el mercado, nos la da el hecho de que mientras el crudo spot apenas ha variado en tres meses, los futuros a 2016, la fecha más lejana a que se comercializan, han subido 5$. Otra historia es el carbón limpio, y aquí lo que hay que explicar es que una central de carbón moderna crea un 30% menos de efecto invernadero que un ciclo combinado alimentado por gas líquido, ya que en las operaciones se pierde un 5% de metano, el cual crea 28 veces más efecto invernadero que el CO2 y además no se destruye. Y en línea con esto hay que dar un puñetazo en la mesa en Bruselas, y replantear el tema de las emisiones, simplemente no es de recibo que tengamos que comprar derechos de emisión a países que contaminan más que nosotros.

Esto es lo esencial, y luego hay, por supuesto, muchas otras cuestiones colaterales, mencionaré tres: la primera, de Perogrullo, los costos deben trasladarse inmediatamente a las tarifas, no es posible embalsar para el futuro una deuda superior al 50% de la facturación total, como ocurre en el sector eléctrico, y luego dedicar miles de millones a ahorrar energía como propone el irresponsable de Zapatero. La segunda, las subvenciones a las renovables, las referentes al eólico que es más del 90%, deben desaparecer, los nuevos aerogeneradores compiten perfectamente con los ciclos combinados de gas con un petróleo por encima de 75$, y ni siquiera se debe garantizar un mínimo, en un mercado competitivo a nadie se le garantiza nada.

Y termino con un tema potencialmente catastrófico, me refiero al riesgo absolutamente inasumible que representan los terminales de gas líquido y el tráfico de metaneros en la proximidad de zonas densamente pobladas. El gas natural licuado es el explosivo más potente que se conoce, aparte de las armas nucleares, un metanero de tamaño normal, transportando 100 0 150.000 metros cúbicos de gas líquido en caso de accidente o atentado terrorista, produciría un radio de destrucción instantáneo de entre uno y dos kilómetros, y si se trata de un almacenamiento con 500 o un millón de metros cúbicos, como el existente en el puerto de Barcelona, entonces sería el Apocalipsis, y España tiene más terminales de gas que toda Europa junta.

Todos los terminales de gas de España deben ser relocalizados, y al igual que ocurre en Estados Unidos, ninguno pude encontrarse a menos de 20 kilómetros de un sitio habitado, de la misma forma que los metaneros tampoco pueden acercarse a esa distancia de zonas pobladas. Evidentemente eso tendrá un costo muy elevado, pero es absolutamente imprescindible si no queremos despertarnos una mañana con un millón de muertos, y tengo que decirles que los terminales de gas líquido figuran en el lugar número dos dentro de las prioridades de atentados de Al-Qaeda, después de las plantas separadoras de gas de los campos saudíes. Lógicamente no serán las empresas quienes asuman el coste, que de una u otra forma tendrá que cargarse a la tarifa.

Y esto muy esquemáticamente, señoras y señores lo que entiendo por reto energético, una auténtica asignatura pendiente para el PP, porque si en otras áreas lo hizo bien, no ha sido el caso en ésta, pero de sabios es rectificar, todos cometemos errores, y yo el primero, pues les aseguro que mis equivocaciones en este sector superan ampliamente la media. Muchas gracias.

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